9 Respiraciones de Purificación Tibetanas

Deja que la respiración limpie tu mente y abra tu corazón

Todos necesitamos respirar. Y, según las enseñanzas del Dharma, también necesitamos reconocer que hay fuerzas internas —llamadas “venenos”— que nos impiden estar presentes: la ira, el apego y la ignorancia. Estas emociones afectan nuestra vida cotidiana y generan tensión, confusión y sufrimiento.

La práctica de las 9 respiraciones de purificación es una técnica antigua de la tradición tibetana Bön. Su propósito es limpiar estos “venenos” y restablecer el equilibrio emocional y mental. En términos modernos, ayuda a regular el sistema nervioso y a recuperar claridad interior.

El linaje y el porqué

Las Nueve Respiraciones de Purificación (en tibetano: Lung Ro Gu Chu Dupa) provienen de la tradición Bön del Tíbet, la tradición espiritual indígena que precede al budismo y que posteriormente evolucionó junto a él. Es una práctica preliminar fundamental (ngöndro) en varios linajes de Dzogchen del Bön, especialmente en aquellos transmitidos a través de los ciclos A-Tri y Zhang Zhung Nyen Gyü (Transmisión Oral de Zhang Zhung). Según los textos Bön, estas enseñanzas descienden de Tonpa Shenrab Miwoche, el fundador del Bön, de quien se dice que vivió hace aproximadamente 18.000 años.

La práctica equilibra tres canales internos sutiles asociados con la ira, el apego y la ignorancia. En lenguaje moderno, restablece la claridad emocional y recalibra el sistema nervioso: un antídoto contra los venenos de la mente, presentado en su forma más eficiente.

Las enseñanzas Bön consideran la respiración como un puente entre el cuerpo y la mente, entre la conciencia y la liberación. Este linaje es profundamente somático y reverente hacia la naturaleza. Muchas de sus prácticas anticipan lo que hoy reconocemos como ecopsicología avanzada y trabajo somático.


El cuerpo como base

Tradicionalmente, la práctica comienza con la “postura de cinco puntos”: sentarse erguido, con la columna recta pero no rígida, los hombros relajados, la barbilla ligeramente hacia adentro y las manos descansando cuatro dedos por debajo del ombligo en el mudra de meditación.

Pero no te preocupes demasiado por sentarte como un yogui. Una silla funciona. Un sofá también está bien. Lo importante es que construyas una relación con esta práctica.

Preparar el cuerpo ayuda a que la mente aprenda con el tiempo: estamos a punto de practicar, vamos a prepararnos. La constancia es nuestra aliada aquí. Cuando el cuerpo se siente enraizado y abierto, la mente lo sigue. Esta es la base somática de la práctica: la sintonización a través de la encarnación.


El mapa interno: los tres canales

En las enseñanzas Bön, la respiración fluye a través de tres vías energéticas que reflejan la estructura del sistema nervioso:

  • Canal izquierdo / rojo – compasión y claridad, asociado a la energía femenina
  • Canal derecho / blanco – medios hábiles y calma, asociado a la energía masculina
  • Canal central / azul – sabiduría e integridad

Estos canales convergen en un punto cuatro dedos por debajo del ombligo, que también es el área que en la medicina occidental se correlaciona anatómica y funcionalmente con el centro de gravedad, el plexo solar/entérico y el área hipogástrica, influyendo en la estabilidad física y el equilibrio metabólico.

Piensa en estos canales como los cables de carga de tu cuerpo emocional. Cuando están despejados, la energía y la conciencia fluyen fácilmente. Cuando están bloqueados, nos sentimos ansiosos, agotados o desconcentrados. No necesitas creer en la energía para notar este cambio. Simplemente imagina que liberas lo que está estancado con cada exhalación. El cuerpo hará el resto.


La ciencia de la respiración

La neurociencia moderna ayuda a explicar lo que yoguis y chamanes han sabido durante siglos: la respiración diafragmática o abdominal cambia nuestra experiencia de la conciencia.

La respiración profunda estimula directamente el nervio vago, un nervio craneal que se extiende desde el tronco encefálico a través del corazón, los pulmones y el estómago. Es la principal vía del sistema nervioso parasimpático, la rama de “descanso y digestión” que contrarresta nuestra respuesta al estrés.

Cuando respiramos lenta y profundamente hacia el diafragma, activamos este nervio, reduciendo la frecuencia cardíaca, regulando la presión arterial y enviando señales de seguridad al cerebro. Al igual que los músculos se fortalecen con la repetición, el nervio vago se vuelve más sensible con la práctica diaria.

Las Nueve Respiraciones no son solo una tecnología espiritual antigua, sino también una regulación neurológica aplicada. Cuanto más practicamos, más fuerte se vuelve nuestro tono vagal y, con ello, nuestra capacidad de volver a un estado de calma.


La práctica: las nueve respiraciones de purificación

Esta práctica puede durar cinco minutos o convertirse en una meditación más profunda. Cada grupo de tres respiraciones purifica un canal y la energía emocional que lo nubla. Puedes comenzar observando suavemente qué emociones están más presentes.

De la ira a la compasión (primeras tres respiraciones)

Para limpiar el canal derecho, levanta la mano derecha, coloca el dedo pulgar en la base del dedo anular, dedo que usarás para cerrar la fosa nasal derecha. Inhala lentamente por la fosa nasal izquierda. Luego cambia, cierra la fosa nasal izquierda y exhala por la derecha.

  • Visualiza una luz pura y curativa de color verde que fluye a través del canal rojo, el izquierdo, hasta el punto de unión de los 3 canales debajo del ombligo.
  • Cambia la posición de la mano, cerrando la fosa nasal izquierda y exhala imaginando que la respiración sutil fluye a través del canal blanco, el derecho, limpiando el veneno de la ira, que se disuelve en el espacio con la espiración.
  • Siente cómo la tensión de la ira se disuelve y comienza a surgir la compasión.
  • Haz una breve pausa y nota el espacio que aparece.

Repite tres veces.


Del apego a los medios hábiles (siguientes tres respiraciones)

Ahora levanta la mano izquierda y cierra la fosa nasal izquierda con el dedo anular izquierdo. Inhala por la derecha. Luego cruza la mano derecha, cierra la fosa nasal derecha y exhala por la izquierda.

  • Visualiza una luz pura y curativa de color verde que fluye a través del canal blanco, el derecho, hasta el punto de unión de los 3 canales debajo del ombligo.
  • Cambia la posición de la mano, cerrando la fosa nasal derecha y exhala imaginando que la respiración sutil fluye a través del canal rojo, el izquierdo, limpiando el veneno del apego, que se disuelve en el espacio con la espiración.
  • Suelta el aferramiento al control o a la aprobación y siente cómo regresan la estabilidad y la confianza.
  • Haz otra pausa antes de la secuencia final.

Repite tres veces.


De la ignorancia a la sabiduría (últimas tres respiraciones)

Para el último ciclo, mantén ambas fosas nasales abiertas. Inhala profundamente por ambas y exhala a través de la coronilla.

  • Visualiza una luz pura y curativa de color verde que fluye a través de ambos canales laterales hasta el punto de unión de los 3 canales debajo del ombligo.
  • Exhala imaginando que la respiración sutil asciende a través del canal central, el azul, limpiando el veneno de la ignorancia, que se disuelve en el espacio con la espiración.
  • Libera la confusión y permite que regresen la sabiduría y la claridad.

Repite tres veces.

Cada respiración puede sostenerse en el ombligo durante unos segundos, lo suficiente para sentir el pulso sutil de la respiración sin esfuerzo.

Después de la novena respiración, descansa. Deja que el cuerpo esté quieto y la mente abierta, como un cielo sin nubes: inmóvil, claro, vasto.


El reinicio interior

Una vez que los canales están despejados, simplemente permanece en esa apertura. Permítete familiarizarte con la sensación de claridad y amplitud. Con el tiempo, esta práctica fortalece tu capacidad para sostener ese estado durante períodos más largos. Se convierte no solo en un alivio temporal, sino en un cambio en la forma en que experimentas la vida.

Las Nueve Respiraciones nos recuerdan que la respiración es nuestro primer maestro. No necesitamos buscar claridad fuera de nosotros: ya vive en el ritmo de inhalar y exhalar.

Esta práctica es una revolución suave: una forma de liberar lo que nos pesa, reconectar con el cuerpo y recordar que cada respiración ofrece una oportunidad para empezar de nuevo.

Podemos abrir el corazón y la mente con cada respiración. ¡Todo un regalo!

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